“Pedro les dijo: Arrepentíos, y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados; y recibiréis el don del Espíritu Santo”. Hechos 2:38.
Es extraño que el énfasis dado por el apóstol en Hechos 2 no sea la fe, sino el bautismo... (Pedro) habló del bautismo y el corazón de los que escuchaban fue compungido por el Espíritu Santo.
Pedro sólo habló acerca del bautismo porque los que le escuchaban eran los que habían dado muerte al Señor Jesús.
Cincuenta días antes, ellos clamaban… fuera con éste (Lucas 23:18).
Ellos eran las mismas personas que daban gritos en Jerusalén.
Ahora ellos debían separarse del resto de los judíos.
Esta es la razón por la cual no era necesario hablarles acerca de la fe.
Ellos solamente necesitaban ser bautizados.
Con eso bastaba para que salieran de esa entidad corporativa.
Tan pronto como fueran bautizados, su relación con ella terminaría.
En el momento en que fueran bautizados, ellos saldrían de esa entidad colectiva y sus pecados serían lavados.
Ya no serían parte de ella, estarían fuera de ella.
El acto del bautismo los sacó de la entidad a la que pertenecían.
Ahora debes darte cuenta de que al principio estabas en el mundo y eras enemigo de Dios.
Puesto que has salido de allí, eres salvo.
Necesitas confesar delante de Dios y delante de los hombres que ya saliste del mundo y que no tienes nada que ver con esa colectividad.
Tú ya le pusiste fin a eso.
“… bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados; y recibiréis el don del Espíritu Santo”. Hechos 2:38.
Amén
Dios Te Bendiga.
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