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Mas él herido fue por nuestras rebeliones… ©

“Mas él herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados; el castigo de nuestra paz fue sobre él, y por su llaga fuimos nosotros curados”. Isaías 53:5.

Muchas veces, las personas culpan a los demás por lo que les pasa.

Culpan a los padres, al marido, al jefe, al país, inclusive muchos culpan a Dios.

Es más fácil manejar el papel de víctima de la situación que enfrentar la responsabilidad del cambio.

Pero déjame decirte algo, culpar a otros no te permite salir de la situación donde estás.

Es importante comprender que como hijo de Dios, tienes la victoria de tu lado.

Durante años he escuchado a hermanos decir que están en el desierto, que Dios le puso esta prueba para que aprendan algo.

Pobres… piensan que Dios enseña con los problemas.

Le dan gloria a Dios por las enfermedades porque así conocieron más al Señor.

Pero esto no es más que un engaño satánico.

Dios no enseña con los problemas, Dios enseña con su palabra.

Son ellos los que tuvieron mejor predisposición para buscar de Dios cuando estuvieron en problemas.

Dios siempre estuvo allí, esperando.

Dios no es el autor de los problemas, él es el autor de la bendición.

Piensa esto, si Dios enviara enfermedades o problemas para enseñarnos…

¿Para qué envió a su Hijo a morir en la cruz por nosotros?

Te das cuenta que al decir que Dios te envió una enfermedad, estás haciendo vana la obra de Jesús.

Yo insulto a Dios si digo que él me enseña con maldición.

Libérate de ideas incorrectas, busca de Dios revelación.

Mira a Jesús por la fe y recibe lo que él te dio.

La sanidad te pertenece, la libertad te pertenece, la paz te pertenece.

No permitas que tu mente albergue doble pensamiento.

Por un lado que Dios es bueno y por otro que envía dificultades para que aprendas.

El doble pensamiento trae confusión y fracaso.

Llena tu mente con la palabra de Dios, medita en ella de día y de noche.

Piensa como Dios piensa y actúa como Dios actúa.

Has confesiones de fe.

No hables del problema, háblale al problema lo que dice la palabra de Dios.

Cada vez que el diablo te presente una situación difícil, recuerda que tú eres más que vencedor por la obra de Jesús.

Tú eres hijo de Dios y como hijo tienes el mismo poder y autoridad que tenía Jesús.

Echa fuera al diablo.

La victoria está de tu lado.

Amén.

Dios Te Bendiga.