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Entrando Jesús en Capernaum… ©

“Entrando Jesús en Capernaum, vino a él un centurión, rogándole, y diciendo: Señor, mi criado está postrado en casa, paralítico, gravemente atormentado. Y Jesús le dijo: Yo iré y le sanaré. Respondió el centurión y dijo: Señor, no soy digno de que entres bajo mi techo; solamente dí la palabra, y mi criado sanará. Porque también yo soy hombre bajo autoridad, y tengo bajo mis órdenes soldados; y digo a éste: Ve, y va; y al otro: Ven, y viene; y a mi siervo: Haz esto, y lo hace”. Mateo 8:5-9.

El centurión era un soldado.

Y como todo soldado, pertenecía a un ejército.

Y como en todo ejército, el mecanismo de movimiento era vertical.

Venía desde lo superior una orden y la orden se acataba y se cumplía sin discusiones.

Eso, ha sido utilizado para la conformación orgánica de lo que nosotros conocemos como iglesia.

Sin embargo…

No ha dado buenos frutos.

¿Por qué?

Porque se ha entendido que conforme a las jerarquías de los hombres que comandan la organización eclesiástica, así deberá ser el acatamiento a sus órdenes.

Y la Biblia jamás dijo eso, sino que las órdenes que hay que cumplir sin chistar, son las que vienen de parte de Dios, que es el único facultado para dar órdenes en este ejército.

Todos los demás, incluidos nosotros mismos, sólo servimos cuando trasladamos sus directivas, no cuando deseamos hacer prevalecer las nuestras.

Amén.

Dios Te Bendiga.