“Dijeron los apóstoles al Señor: Auméntanos la fe”. Lucas 17:5.
En muchos momentos nos planteamos la pregunta…
- ¿En dónde está Dios?
- ¿Cómo lo puedo escuchar?
E incluso decimos…
- ¿Puedo sentir a Dios?
El hombre quisiera sentir, experimentar, palpar, sobre todo en la dificultad.
Estamos acostumbrados a verificar calculando, aprobar por la experiencia.
Estamos acostumbrados a nuestra lógica (cuando nos movemos por ella y no por apasionamiento o impulsos).
Así quisiéramos encasillar a Dios en nuestros esquemas mentales, e incluso queremos comprender totalmente su misterio y posiblemente manipularlo intentado que él cumpla nuestras curiosidades.
A Dios lo palpamos, lo experimentamos, pero no a través de apariciones ni manifestaciones que sacien nuestra curiosidad.
A Dios lo vemos y nos habla en los acontecimientos de nuestra vida personal, no solamente en las alegrías, sino también en la enfermedad y el dolor.
Es cierto, Dios no quiere el mal, pero es palabra suya interpelante y que exige de nuestra parte una respuesta.
Muchos de estos acontecimientos son parte de nuestra fragilidad.
Dios habla hoy en el hermano porque él nos ha hecho a su imagen y semejanza.
Por tanto, el que sirve al hermano, sirve a Dios (Mateo 25:40).
Sin duda Dios habla en la Biblia que es su palabra.
¡Leámosla!
¡Estudiémosla!
¡Meditémosla!
¡Vivámosla!
¿Dios habla hoy?
Sí, y lo hace en todo momento.
El hombre de fe, será quien más tenga sensibilidad para captar la voz de Dios a través de estos medios y en todos los detalles de nuestra vida.
“… Auméntanos la fe”. Lucas 17:5.
Deja que Dios hable.
Deja hablar a Dios a través de ti.
El Señor tiene mucho que decirte y enseñarte, es nuestro máximo pedagogo.
Amén.
Dios Te Bendiga.
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